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En casa en el Infinito. Roshi Joan Halifax

Cada duelo es un territorio inexplorado, acompañar a los que sufren es un acto de amor incondicional, y en mi experiencia la práctica de “Las Cuatro Moradas sin Límites” es el refugio seguro que necesitamos para continuar en este camino. 

Julieta Jikai Becerril

LAS CUATRO MORADAS SIN LÍMITES . 

Se llaman “Moradas” porque cada una de ellas es nuestro hogar, es el tesoro incondicional que siempre está a nuestro alcance, ya sea que estemos sufriendo, enfermos, muriendo o cuidando a aquellos que están enfrentado un duelo o la muerte.  Al practicar las cuatro moradas sublimes, nos damos cuenta que son inherentes a nuestra naturaleza básica.  Si las cultivamos deliberadamente en nuestras actividades, podemos reforzar su presencia dentro de nosotros.  A medida que esa presencia se hace más fuerte también lo hace su cualidad ilimitada.

La primera Morada sin Límite es “La Bondad Amorosa”, nos permite transformar nuestra sensación de separación y alineación en amor. La práctica contemplativa de “Amor Incondicional” nos recuerda que somos parte de un continuo, que somos unidad con todo.  Cada vez que estrechamos la visión de lo que somos realmente, salimos del amor y caemos en el miedo. La Bondad Amorosa es muy relacional: solo funciona si se ofrece, si se entrega, si se comparte.  No podemos atesorar el amor; el amor crece cuando lo damos.  Cuanto más damos, más es nuestra capacidad de amar.  Así es como la Bondad Amorosa se vuelve ilimitada.

La segunda Morada sin Límite es “La Compasión”, desarrollar la “Compasión” significa estar abierto al sufrimiento. Esto es un proceso gradual; a través de la atención plena empezamos poco a poco a ver el sufrimiento en nosotros y ser conscientes de que todos sufrimos de una manera u otra. La compasión,  junto con la fortaleza, es lo que sostiene nuestro trabajo acompañando en  la enfermedad, en la pérdida y en todas las formas de sufrimiento. Es el conocimiento profundo de que no estamos separados del otro, para lo que requiere una capacidad de sentir y entender el sufrimiento del otro.  Como ocurre en la bondad amorosa, es fundamentalmente interactiva, y al final no tiene ni sujeto ni objeto.  El amor bondadoso y la compasión son el perfume de la interconexión. la fragancia de la no dualidad.

La tercera Morada sin Límite es “La Dicha empática o noble”, La Dicha incluye tres aspectos: dicha por la fortuna de los demás, dicha por la virtud de los demás y dicha altruista, es decir, dicha general para el beneficio de los demás:  la primera es la dicha que sentimos cuando nos damos cuenta de que alguien está en una situación favorable, que esta libre de dolor, que ha dejado su historia atrás y finalmente esta relajada y en calma.  Este es el tipo de dicha que siente un cuidador cuando se entera de que un miembro amado se ha curado. Esta es la dicha que llena el corazón cuando le pasan cosas buenas a otra persona; la segunda es la dicha que uno experimenta al estar en presencia de la virtud amorosa de otra persona, esta es la dicha que se siente cuando estas en presencia de un gran maestro, de un padre cariñoso, de un amigo querido o de una persona maravillosa, su buen corazón activa tu buen corazón; la tercera es la dicha empática y es la generación de alegría para beneficiar a los demás, la dicha altruista puede absorber y transformar la energía de la depresión, de la lástima hacia uno mismo, de la envidia, del resentimiento y de la ira. Es una expresión de la compasión en acción que está libre por naturaleza del narcisismo y de los pensamientos sobre uno mismo.

A veces generar dicha o alegría puede resultar difícil cuando algo bueno le ocurre a otro o cuando nos encontramos con una persona de gran integridad, o incluso aunque nos demos cuenta de que generar alegría podría de verdad beneficiar a otra persona.  Simplemente, parece que no tenemos la energía o la voluntad de despertar alegría o dicha.  El juicio y la envidia, las comparaciones y la inseguridad son elementos que estrechan nuestro mundo y hacen que la dicha empática y altruista sea difícil de experimentar.  No obstante cuando un cuidador se ve desgastado hasta la médula puede sentir que no tiene los recursos para ofrecer nada más que negatividad o torpeza.  En lugar de identificarnos con su depresión y consolarle, podemos mirar a través de su sufrimiento, hacia un lugar libre de sufrimiento, afrontar su infelicidad con una dicha afectuosa podría contagiarle al enfermo ese mismo estado de ánimo.  Estudios recientes en el campo de la neurociencia nos enseñan que estas áreas del cerebro se pueden cultivar intencionalmente.  Igual que el violinista cuyo talento a la hora de tocar aumenta con la práctica, nosotros también podemos aumentar nuestra dicha con la práctica. Cuando estamos acompañando en la enfermedad podemos tomarnos el tiempo para disfrutar con ellos de los regalos más sencillos de la vida; como un atardecer a través de la ventana, el sonido y el olor de la lluvia, un concierto de piano flotando en el aire; con demasiada frecuencia solo vemos dolor, sufrimiento, neurosis; un auténtico manual sobre la desgracia delante de nosotros.  Mira más profundamente y encuentra el buen corazón de esta persona, y permítete encontrarte con el tuyo.

La cuarta morada sin límite es “La Ecuanimidad”, incluso algunas enseñanzas afirman que las otras tres moradas (cualidades) ilimitadas surgen de la ecuanimidad. La estabilidad mental de la ecuanimidad nos permite estar presentes con el corazón abierto, independientemente de lo maravillosas o difíciles que sean las circunstancias.  En un momento dado tu hermano está vivo y al siguiente ha muerto en un accidente. Una mañana te encuentras un bulto en el pecho y tu vida cambia de una forma que no hubieras imaginado.. Una tarde el médico te anuncia que tienes un cáncer inoperable y que te quedan tres meses de vida. Un año más tarde, libre de cáncer, tienes que volver a recuperar tu vida.

Plantar semillas de amabilidad, de amor, de compasión y de alegría nos ayuda a cabalgar sobre las olas del cambio sin ahogarnos.  La ecuanimidad, enraizada es el dejar ir, es la capacidad de estar en contacto con el sufrimiento y al mismo tiempo no verse arrasado por él.  Se puede pensar en la ecuanimidad como en ese estado del ser no parcial: no imparcial, sino no parcial.  Acogemos a todos los seres con el mismo corazón, aceptando igualmente el sufrimiento y el gozo. Hay personas que creen que la ecuanimidad ha de excluir el afecto, pero ese no es el caso. Más bien al contrario, amamos a todos los seres por igual, de forma serena y continua, mientras navegamos sobre las olas del cambio.

Mi experiencia ma ha demostrado que resulta muy fácil perder el delicado equilibrio de la ecuanimidad.  La ecuanimidad, una cualidad mental profunda alimentado por el abono de nuestros muchos fracasos, nos proporciona una espalda fuerte que sostiene a nuestro tierno corazón.  Es una joya que brilla con una compasión radiante. brindándonos una frescura apacible.

Esa frescura y esa calma surgen de una mente estable, una mente que no está atrapada en los fuegos de la agitación, del odio, del aferramiento o de la confusión.  Con la ecuanimidad como la estrella que nos guía, una alquimia de la gratitud y del bienestar se abre en nuestras vidas, arraigadas en nuestra práctica de atención plena. Nuestra atención y nuestra concentración se vuelven más constantes y más afinadas, y nuestra capacidad para ver la naturaleza de la verdad, de la vida y de la muerte se torna más profunda.

“Todos los seres son dueños de su propio karma.  Su felicidad y su desgracia dependen de sus acciones, no de lo que yo desee para ellos”. Esto puede sonar duro, brusco, pero es cierto. Una de las expresiones de la ecuanimidad es la compasión inexorable.  Otra forma de hacer realidad la ecuanimidad es cultivar la capacidad de amar a todos los seres sin distinciones. Una tercera dimensión sería cultivar la capacidad de mantenernos erguidos en medio de una “catástrofe total”.

Vivir en el hogar de lo ilimitado, nutrir las habilidades de la bondad amorosa, la compasión, la dicha altruista y la ecuanimidad, nos ayuda a vivir la experiencia de estar con el proceso de morir como una forma práctica de convertir el sufrimiento en libertad.

El filósofo Spinoza nos recuerda que todas las cosas nobles son tan difíciles como escasas.  Al sentarnos con aquellos que están muriendo, al igual que nosotros mismos, que también estamos muriendo, por favor, no olvidemos esa visión de liberarse del miedo y del sufrimiento. El camino hacia la realización de esta visión es un viaje noble que nos proporciona fortaleza de carácter, precisamente por todos los obstáculos que encierra.  Aprovechémoslo todos.  Hagamos uso de ellos.

 

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