Una arquitectura de la bondad: Sobre la motivación, la intención, el compromiso, la expiación y los votos. Roshi Joan Halifax

I Parte

Traducido por Julieta Jikai

“Mi madre una mujer alta de llamativos ojos verdes, era una “Dama Gris”.  Durante la segunda Guerra Mundial, las Damas Grises eran voluntarias de la Cruz Roja que acompañaban a los soldados heridos que regresaban del frente. Por las mañanas mi madre se ponía un uniforme gris y blanco, conducía hasta el hospital Baltimore y entraba en aquel imponente edificio de Coral Gable, Florida, para sentarse junto a quienes necesitaban apoyo emocional. ¿Por qué hacia aquello?, me preguntaba yo. ¿Qué papel desempeñaba ella en todo aquello? ¿Quién era ella en realidad?

Nunca logré responder esas preguntas, me costaba trabajo descifrarla, pensé que tal vez se debía a que su padre se había suicidado cuando ella era muy pequeña. Él padecía tuberculosis y quizás no quería contagiar a su familia, así que se quito la vida encendiendo el motor de su coche en un garage cerrado y murió intoxicado por monóxido de carbono; un acto aparentemente altruista, ¿ O a caso lo era? ¿Quería acabar con su vida porqué sentía que ya no valía la pena vivirla? ¿Se había apoderado de él la sensación de inutilidad?

Nunca logré averiguar mucho más sobre el pasado de mi madre. En aquella época las cosas eran así; la gente no hablaba de su vida como lo hacemos hoy. Por eso, ella siempre fue un enigma para mí. Incluso hoy me gustaría entender quién era y qué la impulso a ser voluntaria de las “Damas Grises”, jefa de las Girls Scouts y a elaborar libros en braille para las personas ciegas. Y, a pesar de todo ello, más adelante en su vida, murió desangrada a consecuencia del consumo del alcohol.  ¿Por qué? me preguntaba. Podría suponerlo pero nunca lo sabré realmente… Si qué poco  -o nada- podemos llegar a saber…

Si bien es cierto que, en realidad, no podemos saber nada con certeza, seguí explorando que fuerzas pudieron haber guiado su vida… ¿Y cuáles pudieran estar guiando las nuestras? ¿Cuáles eran sus valores y de qué manera estos influyeron en mi propia vida y mi motivación para beneficiar a los demás? ¿Cuáles fueron las causas profundas de sus actos, así como de nuestras propias acciones y nuestra forma de ser? Estas preguntas apuntan al <<por qué>> de las cosas. De hecho psicólogos y educadores llevan mucho tiempo buscando el <por qué> de los valores y de lo que entendemos por motivación: razón por la que hacemos lo que hacemos.

MOTIVACIÓN.

Desde una perspectiva budista, la motivación no es una cuestión periférica, sino el fundamento sobre el cual se despliega toda nuestra vida ética. Determina la dirección de nuestra atención, la calidad de nuestras acciones y el tipo de mundo que ayudamos a crear. Cuando nuestra motivación se arraiga en valores pro-sociales – como el cuidado, la compasión, el servicio, la dignidad, la justicia y el deseo genuino de beneficiar a los demás -, comienza a alejarnos de la estrecha gravitación del interés propio para llevarnos hacia un ámbito más amplio de interconexión.  Esto no significa que nuestras motivaciones sean siempre puras o plenamente comprensibles; a menudo son preconscientes, mixtas, cambiantes y están condicionadas por fuerzas que no entendemos del todo. Sin embargo, nuevamente desde la perspectiva budista la práctica consiste en orientarnos continuamente hacia aquello que vivifica y tiene en cuenta a los demás, cultivando aquellas acciones que reducen el daño y fomentan el bienestar.  En este sentido la motivación no es algo que simplemente poseemos; es algo que moldeamos, clarificamos y profundizamos con el paso del tiempo. Se convierte en el primer movimiento de un proceso en desarrollo mediante el cual nuestros valores cobran forma en el mundo, dando lugar a la intención y, en última instancia, a una forma de ser que refleja aquello que más nos importa.”

 A lo largo de años de indagación, paciencia y el reconocimiento de que nada es seguro, he seguido reflexionando sobre la motivación y los valores que la sustentan, así como las razones por las que hacemos lo que hacemos, mas allá de la mera supervivencia. Esta pregunta sobre el << Por qué >> no es secundaría. Esta intrínsecamente ligada a la intención y a las condiciones que dan origen tanto al sufrimiento como a su alivio. Los valores y las motivaciones están profundamente entrelazados. Los valores son los principios que definen lo que es significativo; confieren peso y trascendencia a la motivación, y a su vez, da vida y dirección a los valores a través de acción intencionada.

Existen dos formas generales de motivación. La motivación intrínseca que esta ligada a nuestros valores y puede ser pro social o estar orientada a uno mismo. La motivación extrínseca se orienta a lograr o evitar resultados; describe la fuente del incentivo, no la calidad ética del acto. En términos budistas ni la motivación intrínseca, ni la motivación extrínseca son intrínsecamente beneficiosas; lo que importa es si sus raíces se encuentran en la codicia, la aversión y el engaño o en la generosidad, el cuidado, el coraje y la sabiduría. Un enfoque transaccional de la motivación -ya sea intrínseca o extrínseca- requiere una recarga constante y a menudo conduce al agotamiento, la insatisfacción o al vacío cuando se alcanzan o se pierden los resultados. En el lenguaje budista esto refleja la inestabilidad de actuar desde el apego, desde una idea -sutil o manifiesta- de obtener algo. Me he preguntado si esto afecto la vida de mi madre. Ella entrego mucho ayudando a los heridos, guiando a los jóvenes y elaborando libros de braille; sin embargo, algo en el curso de su vida no lograba sostenerla, ¿Desaparecieron las condiciones que alguna vez la respaldaron? ¿O existían cargas o interrogantes invisibles que ningún acto de servicio podía resolver? Desde esta distancia, no puedo conocer las raíces de su motivación ni las fuerzas que moldearon su desarrollo. Lo que externamente parece altruismo puede estar entretejido con el deber, el anhelo o la necesidad de pertenencia; lo que parece un colapso puede surgir de un sufrimiento que permaneció inexpresado y sin contención. En lugar de reducir la vida a una única explicación, la percibo como una expresión tanto de cuidado como de fragilidad, de entrega y de pérdida.

Una motivación desinteresada puede servir de brújula interna, nutrida por valores, la motivación carece de rumbo; sin motivación los valores permanecen sin expresarse. 

Cuando la motivación, la intención y el compromiso se alinean, surge una sensación de congruencia. Nuestras vidas comienzan a reflejar aquello que consideramos verdadero en lo más profundo de nuestro ser.  El esfuerzo deja de vivirse como una carga para convertirse en una expresión natural de aquello que posee peso moral.

Los valores también nos sirven de ancla cuando afrontamos la adversidad. Como escribió Nietzsche <> una idea que más tarde retomaría Viktor Frankl . Cuando la motivación se fundamente en aquello que posee profundo sentido, los obstáculos se perciben de otra manera. Desde una perspectiva budista las dificultades mismas se convierten en condiciones para la práctica, no en interrupciones de la misma. Sin embargo, la vida de mi madre me recuerda que ni siquiera una existencia aparentemente dedicada al servicio garantiza la resiliencia. El hecho de cuidar a los demás no elimina el sufrimiento; la capacidad de dar no siempre nos protege de perder el rumbo. En última instancia, la motivación no es algo que fabriquemos cada día. Es una corriente que fluye cuando empiezan a disiparse los obstáculos derivados de la falta de coherencia y de la confusión. A esto apunta lo que se ha denominado la << actitud del bodhisattva >>: una orientación estable forjada por el cuidado, la claridad y la capacidad del responder ante el sufrimiento. Y no obstante, incluso esta aspiración se desarrolla en el marco de la fragilidad propia de la vida humana.  Al clarificar  nuestros valores y actuar en consonancia con ellos, podemos descubrir una fuente de energía resiliente, que no depende de los resultados, sino que se nutre del deseo de beneficiar a los demás. Esta es la motivación en su expresión más vital, y a la vez, más misteriosa. “

 

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